lunes, 28 de enero de 2008

Primer avance del plan regulatorio de la CMT para las redes de nueva generación

A la red de de acceso de cobre, que llega actualmente a 18 millones de hogares en España, le quedan unos 10 o 15 años a lo máximo. Sus limitaciones de ancho de banda y distancias y sus altos costes de mantenimiento hacen necesaria su sustitución por fibra óptica. La introducción de la fibra óptica hasta el hogar va a dar lugar a una convergencia real de los servicios de telecomunicaciones (en la actualidad, por ejemplo, la voz se sigue cursando por redes de conmutación de circuitos) y a la posibilidad de ofrecer servicios innovadores sin "límite" de ancho de banda. Las velocidades que se pueden alcanzar a día de hoy son de hasta 100 Mbps sobre distancias de varios km, ofreciendo servicios como televisión de alta definición, vídeo bajo demanda, vistas múltiples en tiempo real sobre la misma pantalla, canales distintos sobre distintos televisores, etc.
Mucho se ha especulado en los últimos meses sobre la regulación de las redes de nueva generación basadas en fibra óptica. En esa regulación la CMT ha considerado incluso la separación funcional de la red de Telefónica, aplicándo así el modelo británico y forzando al ex-monopolio a segregar su infraestructura en una filial independiente y separada de la actividad comercial que la ponga a disposición de todos en las mismas condiciones. Evidentemente, la mayoría de sus competidores (aunque no todos) han votado por este modelo, con el que Telefónica se ha mostrado radicalmente en contra. El 17-1-2008 se adelantaron lo que serán las bases de la regulación de las nuevas redes de fibra. El informe, aunque no es vinculante (debe recibir el visto bueno de Bruselas y definir en más detalle toda la normativa, lo cual no estará listo hasta alrededor de mediados del 2009), sí quiere ser un aviso para que las operadoras sepan a que atenerse y empiecen a diseñar su estrategia y que la inversión no se retraiga debido a la incertidumbre. Las líneas maestras que regirán en la nueva etapa serán el impulso a la inversión y a la innovación. La nueva regulación fuerza a todas las "telecos" a invertir en red propia. Los aventajados en esta lucha: Telefónica, ONO, Euskaltel (País Vasco), Telecable (Asturias) y R (Galicia). Los perjudicados, en principio el resto, pero tienen la oportunidad de invertir en una red propia capaz de ofrecer todo tipo de servicios. El cambio no va a ser brusco, se va a mantener la vieja red con vida durante un tiempo e incluso obligar a Telefónica de forma transitoria a permitir a su competencia la reventa de servicios sobre las nuevas redes. Pero no se regulará el precio de éstas, como ocurre con la red que creció arropada en el estatus de monopolio, ni se obligará a orientar a costes las tarifas. Con estos mimbres, la CMT pretende lanzar a las operadoras el mensaje de que están forzadas a dar el salto a la nueva era y desarrollar ellas mismas redes de fibra como única manera de mantenerse en el mercado. Era un modelo necesario, pues la antigua infraestructura de cobre fue tendida cuando Telefónica era un monopolio público. El riesgo es la desaparición de operadoras, pero si dentro de unos años la peligra la competencia en España, la CMT puede como último recurso aprobar la segregación de la red.
Otra novedosa medida es el abandono de la idea de una España única para el establecimiento de la normativa y la adopción, como pedía Telefónica, de la segmentación geográfica para estudiar la intensidad competitiva en las distintas zonas. La CMT es consciente de que hay regiones donde no resulta interesante introducir fibra porque el esfuerzo inversor no compensa la futura generación de caja. Para estas zonas la CMT se plantea que sea el dinero público el que se preocupe de ellas.
Para evitar estar continuamente abriendo zanjas, la CMT podría obligar a Telefónica (u otros operadores) a abrir a otras empresas sus canalizaciones para que tiendan fibra al lado de la suya. A partir de ahí, habrá dos regulaciones, pero ambas basadas en que Telefónica no tendrá la obligación de abrir su red a los rivales siempre que sea una nueva infraestructura pura de fibra que llegue hasta los hogares. Si es mezcla de fibra y la tradicional red de cobre, las obligaciones actuales se mantendrán. Si no es así, Telefónica sólo estará forzada a proporcionar un acceso mayorista indirecto -es decir, pura reventa- y a un precio no orientado a costes -lo que significa que puede ser elevado-. Si la zona se ha identificado como competitiva, además, esta obligación será sólo temporal. Si es un área de escasa o nula rivalidad, tendrá que hacerlo siempre.
Más información: CMT - Redes de Acceso de Nueva Generación

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